La maldición que haces a los hombres consiste en que han de lastimarse por su propia mano, con eso tienes las manos limpias pero el alma sucia. Pobres hombres tan débiles que no pueden hacer nada contra tu lengua maldita.
Pobre de ti, el día que un hombre sea inmune a tus palabras, ese día la maldición se tornará contra ti.
Alguien descubrirá que el secreto es no dialogar contigo en tu ausencia y evitarlo en tu presencia. Porque eres tramposo, finges escuchar y te vales de la vanidad para tocar el alma de tus victimas.
Tus ojos te delatan, el veneno está en tu interior y te corrompe, por eso tienes que inyectarlo a cualquier incauto tan tonto que crea que es locura o colapso.
¡Maldito seas, tú también por haberme escupido en la cara!
Ah, y de nuevo lo lograste, me has hecho enfadar recuperando el gobierno de mis emociones.
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