Las calles murmuran,
los fantasmas se arrastran,
nubes grises ocultan al sol,
los ecos abandonan los pasillos.
No tiene caso seguir aquí,
los muchos se han ido,
los pocos permanecen:
ingenuos e ilusos, siempre con suerte.
Tengo sed en la garganta,
también en el corazón:
agua y más agua,
pero de tu sangre, nada.
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