Te conocí en francés.
Salimos en español.
Peleamos en inglés.
Me ignoraste en ruso.
Y tan te has alejado
que no sé en que idioma vives.
Conocí una copia tuya:
mismo nombre,
mismo ingenio,
mas no mismo conquistador.
Pero la piel,
esa piel cobriza,
la misma.
Mas la voz,
el idioma
y la cara distintas.
Pero la sonrisa,
el gesto y el ademán...
¿Acaso, eras tú?
Después y en otro lugar,
te vi.
Eras el mismo viajero
Eran tus ojos.
Era tu voz.
Era tu nombre.
No tu cabello.
No tu piel.
Dónde estas, no lo sé.
Pero sigues jugando al mil caras.
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