El escultor pasa la mitad de la semana acarreando piedras de muy lejos, la otra mitad cincela sin parar.
El pianista todo el tiempo está martillando escalas y arpegios, a veces tiene que empujar el armatoste que tiene por instrumento.
El bailarín sólo corre, brinca y se estira, casi no come.
El historiador siempre entre papeles viejos y polvo no hace más que fichas y fichas.
El compositor sólo tiene tiempo de rayar y tachonear en verano.
El violista persigue gatos y luego los destripa.
Todo es rutinario: lo mismo cada día hasta que la Muerte cambie las cosas.
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