Salí y vi el cielo gris;
sentí el viento helado;
un niño me sonrió,
sus travesuras han de ser divertidas.
Pasé por entre estatuas,
palacios y empedrados.
Finalmente llegué.
Allí, en el país de la música,
la melodía es reina.
Cantar no es un arte;
para los que cantan,
es una lengua.
¡Qué extraño concepto de belleza!
Y sólo a los extranjeros
nos fascina el nombre del sol,
de la lluvia o del aire.
¿Habrá, en mi tierra,
algo bello que ya no veo
o que ya oigo sin sorpresa?
Eso lo dejé para mi regreso.
Mientras tanto, me pregunté:
¿dónde habría un poeta?
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