-- Viajero, ¡qué suerte, la que cruza nuestros caminos!
-- Mi amigo errante, ¡mayor suerte la trae te trae cerca de este camino!
-- Tú y tus ideas de voluntad; acaso, sigues creyendo que decides y que querer es poder.
-- Mejor, háblame de tu búsqueda.
-- Ah, pues yo buscó lo que ningún hombre se ha atrevido, salgo a donde nadie ha estado y un día encontraré aquello que otros se niegan siquiera a imaginar.
-- Vaya, tú y tu imaginación, siempre desbordante. Yo, por mi parte, no huyó a un lugar mejor o puro; eso del dogmatismo no es lo mío. Me gusta viajar, conocer a otras personas, otras formas de vida, otros lugares; suelo quedarme con ellos un tiempo para descansar y recordar el infinito y la verdad: Entonces, viajó de nuevo...
-- ¡Has encontrado el infinito y la verdad! ¿Dónde, hacia que dirección?
-- Mi compañero errante, la verdad, el absoluto, están fuera de nuestro alcance: como simples mortales.
-- ¡Ya vas a empezar!, no eres más que un reprimido. Justo de personas como tú, es de quien salgo huyendo cada vez que las reconozco donde estoy.
-- Justo, personas como tú, soñadoras incansables, son las que yo busco por los lugares que visito. Me gusta oír su fantasías y ver con ellas el cielo.
-- Exacto, ¿no sería hermosa una vida de sólo soñar y contemplar las nubes?
-- No lo creo, somos seres intermedios entre los sueños y las pesadillas, entre el cielo y la tierra. Somos híbridos, imperfectos y limitados. Por eso podemos maravillarnos ante una estrella o temer a la oscuridad.
-- ¡No, no, no! No es así, no tiene que ser así; si ya podemos ver las estrellas para que voltear a la oscuridad, ¿por qué no sólo volar y tomar una estrella?
-- Porque somos humanos, hechos de barro, y pertenecemos a la tierra. Somos privilegiados, porque podemos viajar del cielo al infierno y de regreso. Sólo tenemos una vida, un viaje: ¡Eso es emoción, saborear la vida! Sabiendo que un día terminará.
-- ¿No es eso tan injusto! Deberíamos vivir para siempre.
-- ¿Crees que si vivieras eternamente, te importaría la vida de una flor o el olor del viento?
-- Tonterías, sólo quieres salirte con la tuya.
-- ¿Y no es lo mismo que tú quieres?, ¿no es por eso que huyes buscando un lugar en el que no te contradigan?
-- Lo ves, ahí vas de nuevo a autoproclamarte conocedor de la naturaleza humana.
-- ¿Qué más podría conocer, sino es mi propia naturaleza?
-- Pues el absoluto, el universo, la verdad.
-- Prefiero conocer a la humanidad, prefiero conocerme, prefiero viajar que sólo huir errante.
-- Sí, errante, eso prefiero yo. Adios.
-- Hasta pronto.
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