Mi diablo, querido amigo,
¿qué quieres saber?
no eres tú quien tomo el fruto
aquel pintado mil veces rojo.
Tal vez somos amigos,
pero te conozco un poco,
así que la pregunta es
¿para qué quieres saber?
Tus tretas milenarias
forman parte de libros,
de muros y del polvo,
trucos viejos para almas jóvenes.
Crees que no sé lo que quieres,
al menos lo sospecho,
no admitiré si fue flecha o veneno,
aunque el salvaje se vanaglorie.
Está vez no funcionará
ni la vanidad ni la soberbia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario