Nunca supe, en realidad, por qué te fuiste,
aunque, en algún momento creí saberlo.
Un día llamaste,
aquel día que se suponía especial.
Mandaste al emisario de muerte,
y luego de seguirlo hasta la aurora,
saliste para mí.
Me dijeste un secreto valioso,
algo macabro, tarde en entender,
me hablaste de demonios.
Mi ángel querido,
ven a visitarme,
que te estoy esperando.
Ya entendí tus palabras,
entiende, tú, mis actos.
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