Sabes, creía yo que tu esbirro era mi aliado, qué ingenua fui.
Pero, eras tú, quien lo envió, quién le ordeno ser mi celador
y mi torturador. No sé aún porque nunca ejecutó del todo sus órdenes,
he pensado que fue ambición o intento egoísta de placer.
Ahora creo evidente que me perdonaste la vida y quizás incluso la protegiste,
en esa ocasión y tal vez sólo por un par de veces más, te caí en gracia,
y no sólo como la posibilidad de existencia,te vi torturar a más de uno,
sino como realización de aquel proyecto, el que pareciamos compartir.
Además me permitiste acceder a la manzana del conocimento,
la que colgaba del árbol favorito de tu jardín de ciervos y siervos,
la misma que el espía con piel de lana trataba de alcanzar colgando de la ventana,
no sé si fue treta o dádiva romántica, como dijiste alguna vez
mientras jugabas con ella antes de ofrecerla, pues tú decías no comer.
Dicen que eras demonio, y yo, ahora después de haber sabido
de monstruos, brujas y caníbales y demonios,ya también lo digo.
Extrañamente, la certeza de tu naturaleza demoniaca es la clave
de mi reconociento, aunque no te creo capaz de amar,
aunque no te creo conocedor del amor o del cómo amar,
te agradezco por tu omisión, espera y aun por el fallo de una emboscada.
Y aunque la muerte puso fin a la sospecha de acecho,tu recuerdo
sigue cambiente y mentiroso. Lamento mucho no haber estado en el fin,
aun si se trataba del tuyo, mi caníbal, tú me advertiste
de la intensidad de tu pasión y del tormento de tu pasividad,
así como del peligro de las fieras heridas o moribundas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario