Me detengo un momento de mis ocupaciones para saludarlo. Como bien platicamos la última vez, sobre aquel seductor que olvido su diario en un cajón, él seguirá siendo un demonio mediador, negado a pasar al estadio ético, sera la estética, el placer y lo sublime su vida. Por mi parte, ya estuve un rato en el estadio ético, y efectivamente como lo sentencio el hombre más sabio de todos los hombres atenienses, me arrepentí una y mil veces, así pues le informo que me reuniré con usted en el estadio filosófico.
Sin más que decir por el momento, lo felicito por sus discursos edificantes.
Saludos
E. Poetisa
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