Esos gigantes,
los que no se inmutan
ante el dolor,
el miedo o el frío.
Gigantes,
que esperan y vigilan.
Altos, robustos
y fuertes
que a nadie miran.
Intransigentes,
sordos.
Algunas veces
aplauden con mil manos.
Otras veces alaban a Dios
con los brazos en alto.
Gigantes
pero no egoístas
sino chamanes
ue hacen llover
hojuelas de oro.
Arrogantes
que ante nadie
se inclinan
ponen alfombras aureas
a viajeros
y paseantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario