Le temes a las lágrimas, porque te crees fuerte, cuando en realidad eres débil.
Finges, alardeas.
Te rompes y te tiras al suelo.
Llorar será tu maldición, cuando tu voz se escape.
Las lágrimas como fuego ardiente quemarán tus pupilas.
El aliento se pudrirá cuando el fuego fatuo llegue.
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