Estás en el frío del viento,
En la risa del agua,
En el rayo de luna que se cuela entre los árboles.
Estás en el frío del viento,
En la risa del agua,
En el rayo de luna que se cuela entre los árboles.
Ese año fue cuando la tierra rugió y se trago al edificio Nuevo León. Fue en primavera cuando todo florecía y nadie temía a la muerte o el sufrimiento. Dicen que esos niños fueron sobrevivientes de una catástrofe sin memoria. Yo solo recuerdo el peso del colchón con el que mi padre trató de protegernos y las angustias de mi abuela que nos obligó a migrar.
A mediodía, una pantera dormitaba bajo el arrullo de los árboles. Soñaba que el sol pintaba hojas doradas en su oscuridad. Despertó convertida en jaguar.
Así el panteón de un lado del mundo chocó con el escudo de obsidiana,
Las navajas oscuras cubrirán el camino del volcán.
Para que los caminantes sientan el dolor de cada paso.
Volcán de fuego que que escupe truenos,
Sal, cal y arena, lejos de la tierra.
Así al servicio del trueno,
Carro de sol que muestra las ideas.
Será que el amor es más que una apariencia,
Será que Zeus es arrogante y viril,
Nunca hubo un Poseidón.
Lejos del mar.
Cerca de las rocas hay un dios del trueno,
Con poder para agitar el cielo y la tierra,
Que merece el corazón de obsidiana.
Solo un acertijo será necesario,
Una sola palabra,
Fue otra Medusa,
Otra Gorgona,
Saldrá el escudo de serpiente,
Tantas veces como se manche el nombre de Zeus
Amor platónico inmortal
Salve el Dios del trueno
Cerca de un lago,
En mitad del desierto,
Florece con espinas,
Verde y blanca,
Espinas de flecha,
De arqueros certeros,
De pasos ligeros.
Guardianes del camino,
Mediadores de la luz y la oscuridad.
Múrcielago, atento,
Que emprende el vuelo,
Sonrisa de luna,
Oídos de acero,
Alas poderosas,
Gracias por el paseo en el valle de los sanadores.
Serán los linces,
Sombras resplandecientes,
Con colmillos y garras relucientes,
Mira como corren y saltan.
Mininos feroces,
Mininos hermosos
En la distancia del desierto,
Queda el buen recuerdo.
Deuda saldada
Ofensa liberada
Cazador de blancanieves
Te llevaste un corazón de manzana
Recuerda la amenaza y furia
Mejor olvida,
Mejor vive.
Cantará el rapsoda,
Conjurará la tormenta.
Saldrá el viento,
Saldrá la luna,
Traerá descanso,
Cuando se seque el río.
Y un día, la semilla voló,
Encontró lugar en el lecho de un río,
Cerca de la montaña de fuego,
Entre el territorio de los lobos.
Nació un sauce que alivia los dolores.
Sello de piedra,
Piel de serpiente,
A los pies de una diosa,
Y al servicio del trueno.
Será escudo incrustado en la montaña,
Manará el agua y bajará por el río,
Tal vez una nube llegué por caprichos del viento.
Llueve y seguirá lloviendo,
Porque el cielo tiene una herida,
Que sangra al atardecer.
Solo llueve, solo hay ventisca.
Oleadas que causa el carro del sol.
Lloverá cuando los ruiseñores canten,
Cuando el cuervo grazne,
Cuando el lobo aulle.
Cuando el río crezca.
Tal vez, así debió ser.
Tal vez, así tenía que haber sido.
Tal vez, así esperaba que fuera.
Tal vez, así creían que fue.
Tal vez, así saldrían las cosas mejor.
Tal vez, así sonaría muy bien.
Tal vez, así como no fue.
Blanco, cual hoja de papel.
Blanco, cual luna llena.
Blanco, cual cal y arena.
Blanco, cual luz.
Blanco, cual vacío.
Saldrás del reflejo de un trozo de cristal, cuando el sol caiga por el horizonte, vivirás por una noche, como un espectro fantasmal.
Saldrás de un charco, cuando las ranas y los ajolotes sean madera y cristal. Serás humo que huele a incienso, perdido en el viento.
Saldrás de la sombra de un árbol, cuando las hojas arrullen un nido, vendrás por los adoquines de un camino sin final.
Saldrás del rugido de los seres de la noche, mitad serpiente y mitad escorpión, ya no tendrás deseos, tampoco dolor.
Había una vez, un gato que saltaba al revés, y así como se fue, dilo otra vez.
Había una vez, un gato que se sentó en el sillón, miraba a cada rato, y se balanceaba el bribón.
Había una vez, un gato que caminaba en mi rebozo, mira que minino más hermoso, aunque estaba piojoso.
Había una vez, un gato que mojado por un cubetazo, inteligente y desvergonzado, me miraba de lado.
Había una vez, un gato con garras y una cola muy mona, con la que dibujaba círculos mientras estaba hecho bola.
Había una vez, un gato que no era blanco, ni amarillo, ni pardo, era de noche y brillaban sus ojos dilatados que penetraban la oscuridad.
Había una vez, un gato que saltaba de un árbol, hacia una salto mortal, rodaba por el pasto y se llenaba de gotas de rocío cual cristal.
Había una vez, un gato y nada más.
Olvido de la escritura.
Fármaco de la memoria.
Tinta de otra sangre.
Papiro quebrado y enmohecido.
Secreto de rapsodas.
Épica de otros tiempos.
Estás en el café negro de las mañanas.
En los nubarrones de la lluvia.
En las historias de hadas.
En otros que no son tú.
En miradas de gacela.
En donde sea que estés tú.
Fuiste destino.
Fuiste un elegido.
Entre la arena del desierto.
Una mirada de desconcierto.
Tu reflejo ha surgido.
Voz cual rugido.
Salta de un momento a otro
Busca y rebuscar el recuerdo y la esperanza
Escapa del presente
Huye del pasado.
Deja un rastro
Los fantasmas lo persiguen
Olvidará su identidad
En el pozo del rencor.