Mi amigo el diablo
me encontró el otro día lloriqueando
en el baño,
no dijo nada y espero afuera.
Después, lo vi en la mesa de la derecha,
detrás de un libro de vampiros
se reía de mí,
y mi vómito provocado y luego contenido.
Y hoy que no soporte ni siquiera al sol,
justo cuando ya no hay libros,
ni cubiertos con que entretenerme,
se apararece para hablar.
Y me dice que debí correr,
lejos y sin detenerme,
sin mirar atrás.
Más aún me dice
que al menos debí salir
de aquel salón,
aquella tarde.
Que no hay más remedio,
que firmar mi alma
por venganzas fatales.
Si no corrí al principio,
fue porque lo oí sugerirlo.
Si no salí una tarde,
fue porque afuera estaban los traidores.
Y mi alma,
no es negociable
ni por falsos oros
y menos por sangre vieja.
Mi diablo amigo,
al menos te soy interesante.
Y tú me eres divertido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario