martes, 12 de abril de 2011

Juegos ingenuos y premeditados

Mi amigo el diablo
me encontró el otro día lloriqueando
en el baño,
no dijo nada y espero afuera.
Después, lo vi en la mesa de la derecha,
detrás de un libro de vampiros
se reía de mí,
y mi vómito provocado y luego contenido.
Y hoy que no soporte ni siquiera al sol,
justo cuando ya no hay libros,
ni cubiertos con que entretenerme,
se apararece para hablar.
Y me dice que debí correr,
lejos y sin detenerme,
sin mirar atrás.
Más aún me dice
que al menos debí salir
de aquel salón,
aquella tarde.
Que no hay más remedio,
que firmar mi alma
por venganzas fatales.
Si no corrí al principio,
fue porque lo oí sugerirlo.
Si no salí una tarde,
fue porque afuera estaban los traidores.
Y mi alma,
no es negociable
ni por falsos oros
y menos por sangre vieja.
Mi diablo amigo,
al menos te soy interesante.
Y tú me eres divertido.

Te llamo

Te llamo a gritos
para que sepas que te requiero
porque quiero contarte
cuánto hay en el mundo
no tardes en aparecer
que yo te espero sin reloj.
Te llamo entre sollozos
para que escuches qué me duele
porque tal vez ya no te amo
pero tristemente te necesito
no sabes que tanto
sólo por un mal momento.
Te llamo quedo
para no perder la costumbre
porque quisiera de ti amistad
ya ue no hay futuro y
el pasado está cerrado
me querras como amiga a cambio.
Te llamo en silencio
para no traicionar mis decisiones
porque sé que el amor se acabo
ya no adivinas cuando te espero
a mí no me importa donde estés
me pregunto si es esto vacío o tu vacío.

Me acuerdo de ti

Cuando la felicidad ilumina mis días,
pienso en ti,
y en cómo me gustaría compartir el sol y la brisa contigo.
Cuando las nubes opacan mi semblante,
recuerdo tus brazos,
y quisiera por un momento que fueran para mí otra vez.
Cuando el viento desgarra mi alma,
siento tu ausencia,
y casi me arrepiento de que ya no estés conmigo.
Cuando la lluvia cubre el paisaje,
tengo nostalgia de ti,
y de tu abrigo siempre dispuesto alguna vez para mis hombros.
Cuando la noche es clara como la luna,
lamento todas la noches
que no fueron nuestras y que ya no lo serán.
Cuando la oscuridad vence a las estrellas,
casi te escucho,
detrás de mí cantando mientras casi creía en ti.
Cuando el oleaje del mar es altivo y cruel,
resuenan las palabras ajenas,
de tus crímenes y malas obras, mi victimario soberbio.
Cuando los árboles dan sombra y frescura,
sé que soy libre,
que prefiero morir sola a vivir contigo.