sábado, 29 de mayo de 2010

Mi madre no me enseño a cocinar

Cuando era pequeña, mi madre nunca me enseñó a cocinar; ella lo hacía todos los días, recuerdo el olor a ajo y cebolla frita, y luego el sonido del jitomate molido al chocar con el aceite.

Decía que cocinar era una actividad de supervivencia y que llegaría el momento en que simplemente tendría que aprender por mi misma; ella hacía bacalao para Navidad y cuete mechado para Año Nuevo, de niña nunca me gustaron las aceitunas ni las alcaparras, amaba el tocino.

Mi madre prefirió enseñarme a leer, todas las noches me contaba un cuento que leía en las tardes; un día me dio quince tomos de una antología de donde leía en voz alta para mí. terminamos la antología completa.

Mi madre me llevaba a comprar libros, siempre decía: ¿qué quieres leer?; además, me confió un secreto: "si no te gusta el libro que empezaste, déjalo; ya vendrá el día en que puedas entenderlo".

Mi madre también me enseño que los libros son compañeros de vida, que hay que cuidarlos porque nunca se sabe cuando los necesitarás y es importante que estén ahí para cuando los busques.

Mi madre nunca me enseñó a cocinar, pero aprendí en menos de año; fue la apología de un sofista la que me hizo aprender a distinguir entre la pimienta negra y la pimienta blanca.

Hoy cocino casi todos los días, a veces como fuera.

Hoy leo todos los días , algunas veces por obligación, las demás por placer.

Subir la Montaña

Un día decidí subir a la montaña
en pos de sabiduría y fortaleza.

Me advirtieron que sería difícil
y que nadie que regresara había llegado a la cima.

Sólo subí.

Ahí, cuesta respirar: casi muero asfixiada.

Hay cabras salvajes y las piedras caen al vacio.

Pero casi puedes tocar las nubes.

martes, 25 de mayo de 2010

Mediocre afásico

Confundes la acción con la presunción,
el poder con el despotismo.

Das formas anquilosadas
a conceptos que no alcanzas.

Eres presumido, despota y maniqueo.

Vocativo anacoluto

A ti que me ves con ojos certeros como la duda,
aquélla que me dice quien eres,
pero quiero saberlo, no dudarlo,
oírlo en tu voz,
la que es suave como la brisa
y perturbadora como el viento,
pues muero por tocar tu piel,
mas vivo para tocar tu corazón [...]