jueves, 11 de febrero de 2010

Independiente

La independencia no es concreta, sino absoluta en el sentido más literal de la palabra. Es como ser el Rey del Principito, pero sin siquiera un planeta propio.

Somos la nada acechada por el ser. Es la soledad voluntaria. Es la ausencia del miedo a la muerte. Es la ausencia del deseo de la vida.

Tenemos una existencia suspendida en el espacio y carente de tiempo, somos la existencia de la nada, el fantasma que todos miran como si fuera transparente.

Tenemos inmunidad al dolor del mundo, y se nos niega todo placer para otros cotidiano.

No hay lagrimas, no hay risas; sólo miradas.

¿Es necesario el miedo o el dolor para ser llamado valiente?

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